palabraypoesiarfdez

Artículos literarios y poesía

LOS ESCURRIDIJOS Y EL HINQUE

Deja un comentario

LOS ESCURRIDIJOS Y EL HINQUE

 

 

Los escurridijos eran un entretenimiento que tenía su época, en este caso, solía coincidir con la otoñada, esas lluvias generosas y cálidas, tan esperadas por el secarral que impera desde hace meses,  que suelen llegar a mediados de Septiembre. Una semana después de llover todo se vuelve verde, verdor de fina hierba que alfombra un amplio talud que separa el achatado Castellar de las bodegas. Con la inclinación justa para deslizarse sobre la hierba ladera abajo, solo era cuestión de marcar, con trazo recto, el pequeño tobogán, del ancho de los zapatos, hasta que, con el uso y agua abundante, se lograba hacer una canaleta corrida de pocos centímetros de profundidad, de arriba a  abajo del talud sobre la que nos deslizábamos a velocidad de  vértigo; ese era un escurridijo. Al ser la tierra arcillosa y húmeda, echábamos un poco de  agua con un bote arriba y quedaba todo el escurridijo suave y resbaladizo, apto para su uso. En cuclillas, sobre un pie que iba resbalando dentro de la canaleta, se alcanzaba tal velocidad por la fuerte pendiente, que al final del trayecto caíamos muchas veces dando volteretas, ya que frenar era misión casi imposible. Lo pasábamos de maravilla bajando a toda velocidad una y otra vez aunque quedaran pantalones y zapatos hasta arriba de barro.

 

 

 

En esta época de otoñada y blandura, también se jugaba al hinque. Si en todos estos juegos se requería habilidad, este precisaba de una destreza especial. El hinque era un palo de  medio metro, y del grosor de una pulgada, más o menos. Se le sacaba en un extremo una punta bien afilada y el resto del palo tratábamos  que  fuera lo más liso y bonito posible. Se establecía la mano, normalmente tirando con una lancha a la raya y, cada uno en su orden clavaba el hinque en un trozo de pradera que no tuviera piedras, con la mayor fuerza posible, pues el siguiente en tirar debía intentar desclavar el hinque golpeándolo con el suyo mientras tiraba, y dejar clavado el suyo a la  vez. Si lo conseguía, es decir, dejaba tumbado el hinque anterior, y  clavado el suyo, ganaba;  lo que le daba derecho a coger el tumbado y, golpeándolo con el suyo, lanzarlo por el aire lo más lejos posible a la vez que decía, “por cinco, por diez, ….”, que eran las veces que lo debía clavar a toda velocidad antes de que el otro llegara. Si, por mal cálculo de la apuesta, el otro llegaba y clavaba el hinque lanzado antes de que fuera clavado el del lanzador  las cinco o las diez veces apostadas, ganaba  al que lo había lanzado. Solía ganar el que lanzaba el hinque, que apostaba solo por dar un poco de emoción, y el otro quedaba eliminado. Y así con los sucesivos jugadores hasta quedar un solo vencedor.

 

Ramón

 

Autor: palabraypoesiarfdez

Disfruto buscando la belleza en la poesía, la literatura, la música y la Naturaleza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s