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Artículos literarios y poesía

HACIENDO CESTOS

7 comentarios

HACIENDO CESTOS

 

En el otoño avanzado, verdes aún los mimbres, recogidos en haces en un rincón sombrío del  corral, esperan con paciencia días de lluvia, intempestivos, fríos, de esos días malos que no dejan hacer trabajo alguno más allá del corral de la casa. Son días de pelliza y sotechado, de partir buena leña de la barda,  sacar el estiércol de las cuadras,  limpiar gallineros y arreglar conejeras, limpiar los nidales de las palomas, cascar almendrucos, y otros tantos trabajos y arreglos que siempre surgen en las casas de labranza llenas de animales domésticos.

En días de estos, el abuelo comienza a preparar la tarea lenta y artesana de tejer cestos de mimbre; los más grandes, para el transporte de la uva,  y los cunachos covanillos para otros muchos usos, además de la uva.

Yo me siento en un tronco, con el abrigo abrochado para ver cómo lo hace, y, hasta le ayudo, a veces, acercándole cosas que me pide. Lo más seguro es que en vez de ayudarle,  sea un estorbo, siempre de danza, para acá y para allá zascandileando, pero él nunca me lo dice.

En un lugar amplio, plano y despejado del sotechado, va colocando mimbres y los ordena en forma de estrella, con la parte más gruesa en  el centro, lo que será, una vez terminado, el fondo  del cesto. Va pasando  mimbres finos y dóciles, de forma circular,  entre los gruesos que son el armazón. Terminado el fondo, dobla con cuidado las guías en ángulo recto, y sigue tejiendo en vertical, vuelta a vuelta, apretando bien los mimbres con una madera estrecha, para que la trama quede bien tupida. El cesto va tomando forma  a base de tiempo y paciencia, y, a la altura deseada,  hace el remate del cesto, el rodete,   tejiendo  los finales delgados  de los mimbres guía.

Terminado el cesto grande, me mira y sonríe, cansado y satisfecho.

-¡Anda! Dile a tu madre que vas con el abuelo a merendar a la bodega.

El ágape es frugal, unas tiras de bacalao con pan y un vaso de gaseosa teñida con unas gotas de vino, pero la compañía es incomparable. La lumbre bajera del fogón de la bodega resalta las arrugas del rostro cansado y dulce del abuelo. Los dos vivimos un momento de felicidad tranquila y sencilla hasta el extremo; en sus rodillas, sobre los surcos del viejo pantalón de gruesa pana parda, me siento como en un cojín del cielo; cojo su boina, y me entretengo con su viejo reloj de bolsillo, que saco del chaleco, también de pana. Percibo un olor entrañable y me dejo envolver por un aura invisible de ternura.

-¡Vamos a casa, pendolista!, que va siendo tarde.

De su mano dura y callosa, a la vez blanda y suave, vuelvo a casa.

 

Ramón

Autor: palabraypoesiarfdez

Disfruto buscando la belleza en la poesía, la literatura, la música y la Naturaleza.

7 pensamientos en “HACIENDO CESTOS

  1. Que entrañables momentos,
    Que bellos recuerdos Ramón.
    Una manera de perpetuarlos escribiendo.
    Lo has hecho excelente.
    Un abrazo amigo
    Encantada de leerte

  2. Andares de puntillas por aquellos tiempos… O acaso pisadas firmes por el recuerdo…

    Apacible escritura y lectura, Ramón
    Abrazos

  3. Me recordaste nuevamente mi infancia… Sobre todo los cestos de esparto. Un abrazo.

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