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Artículos literarios y poesía


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ME DEJO

ME DEJO

 

Me dejo,

Dejarse,

¡Qué hermoso reflexivo!

¡Qué poco utilizado!

 

Me dejo,

Me dejo, esta mañana

Sorprender por la luz

El rayo, la mirada,

Y descubro la magia,

¡Qué bello!,

Dejarse iluminar por claridad

Dejarse vestir por los colores

Que encienden la mañana

 

Y dejarse templar

Por los rayos primeros del sol

Me dejo

Besar por la brisa

Abrazar por el remolino

Me dejo

Acariciar por piel y por mirada

Me dejo dar masajes

Rodando en la pendiente

Por la  tierra ondulada

Me  dejo hacer cosquillas

Por las hierbas del prado

Que tocan mis oídos

Al descansar tumbado

 

Me dejo perdonar

Incluso por mí mismo

 

Me dejo llevar por el sentimiento

Abriendo las compuertas de mis lágrimas

Que regarán estepas polvorientas

Y quizás algún día vistan flores.

 

Me dejo arropar

Feliz

Agradecido

Como un niño

Por el arrullo de una voz amable

 

Me dejo vencer

Por el tranquilo sueño

 

Ramón


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BOSQUEJO

BOSQUEJO

 

Bosquejo trémulo de pura fantasía

Iniciación fontanal

Subliminal emergencia de dunas esmaltadas

Epicentro angular

Asíntota esbelta

Elipse iniciática

Torbellino de fulgor

Elixir ultramundano de noesis  preclara

Beatitud aural de espectro mágico

Insomne ductilidad

Universo insondable

Tierra henchida de belleza

 

R.F.


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UNA BUENA MANERA

UNA BUENA MANERA

 

 

 Ocho de la mañana, se tensan horas duras

Sin importar el tiempo, atascos, ajetreos,

 Jornada de costumbre

Monotonía,  trabajo gris, tal vez  tranquilo

Después de tantos años,

Improbable  sorpresa.

Coches,  personas,

Automatismos,

Todo igual, igual, igual,

Cromos repetidos

Que debemos cambiar,

Y cruzamos miradas

Y esbozos de sonrisas

Y saludos

Y, sin decirlo,

Con estas simples cosas

Atisbos, gestos, ademanes, apenas perceptibles,

Nos leemos las caras.

 

Casi sin darnos cuenta percibimos,

Si el día empieza “a son”,

Tras aquella  sonrisa

O si una nube empaña la mirada

Y hemos de sostenerla

Con hilos de caricia y de ternura

Para encender la luz

Si intuimos penumbra.

 

Una buena manera

De empezar el trabajo

Cada mañana.

 

 

Ramón


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FÉLIX AMIGO, EN EL RECUERDO

FÉLIX AMIGO, EN EL RECUERDO

 

Terció en medio de aquella niñez regida por tradiciones y costumbres  ancestrales un maravilloso personaje, Félix Rodríguez de la Fuente, que, primero nos deslumbraba hasta quedarnos extasiados con las imágenes de sus programas y poco a poco iba cambiando nuestra concepción tan primaria de la Naturaleza. Cómo atreverse a matar a un pollo de halcón, de cernícalo, de mochuelo, después de ver esas maravillas. Y así, poco a poco, fue penetrando en nosotros el sentimiento de respeto a la Naturaleza al ver que todo tenía su papel y todos eran importantes, y del conjunto armonioso de todos ellos resultaba una sinfonía de vida y de color irrepetible que merecía la pena escuchar y disfrutar, meterse dentro de ella en vez de destrozarla. Aquellos programas de fauna eran esperados durante toda la semana con expectación y marcarían de por vida nuestra forma de acercarnos  al entorno natural que nos rodeaba con una mirada nueva y una curiosidad sin límites.

Los misterios naturales que se desvelaban ante nuestros ojos, en los que nos inmiscuíamos de manera activa mediante la observación directa nos prodigaron satisfacciones enormes de las que hoy seguimos disfrutando después de tantos años.

El primer animalillo  que crié, y  que me acompañaba allá donde yo fuera, fue un gorrión chillón, que aquí llamamos ciria; después vino un cernícalo al que llamé Berenguela, como uno de los halcones de Félix; luego un precioso alcotán, manso como una paloma. Todas estas actividades, desgraciadamente fueron al traste cuando tuve  que ir al colegio. No obstante, como tenía el gusanillo dentro, me adapté a los bichos que podía criar allí, más pequeños y discretos, las orugas de las mariposas. Además, siempre  quedaban las vacaciones. Es cierto que tenía menos tiempo para la observación directa, pero más para leer, de modo que pude deleitarme con la Cetrería de Félix así como con otros muchos  libros de Delibes, paisano de Valladolid, que además de literatura inmejorable y riquísimo lenguaje de campo, describe unos lances memorables de caza mientras despliega su enorme acerbo de conocimientos de Naturaleza y de costumbres añejas de lo más sabrosas. Con estas lecturas llené muchas horas de tranquilas delicias en el colegio de los pavonianos, entre el barrio de San Pedro Regalado y la parroquia del Carmen Extramuros, contigua al cementerio de Valladolid.

En  recuerdo de su muerte el 14 de Marzo de 1980,  unos versos  a este mítico animal que él amó con locura.

 

LOBA MADRE

 

 

Ya no se oyen aullidos

En las loberas

De la solana

 

Ya no cantan a coro

Los cachorritos

En la alborada

 

Ya no juegan los lobos

Con los pequeños

De la manada

 

Se han quedado sin madre

Sin leche tibia

Sin sus caricias

 

Los pequeños lobeznos

Con ojos tristes

En vano esperan

 

Los dulces lametones

Como regalo

De bienvenida

 

Era  su madre loba

La loba jefa

Loba señera

 

La loba despiadada

Loba de muerte

Loba de sangre

 

La loba de los sueños

La de los niños

La de sus miedos

 

 

Con cepos y escopetas

Tras larga espera

La han dado caza

 

Era también la loba

De las caricias

De los cuidados

De la ternura

De las entrañas

De los amores

 

Que yo lo he visto

En sus pobres cachorros

Con ojos tristes

 

Ramón