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Artículos literarios y poesía


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FELIZ AÑO NUEVO

FELIZ AÑO NUEVO

 

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FELIZ AÑO NUEVO

 

 

Después de mes y medio de ausencia vuelvo a aparecer por aquí, -la verdad  es que os echaba de menos-, y lo hago, no con poemas, ni siquiera de amor, que son los que más me gustan, sino con un mini-relato divertido que se me ocurrió un día de estos.

 ¿De qué tema os imagináis que trata?

De poemas, de lo que de verdad me gusta, y dentro de los poemas, de los de amor, que son los que más me gustan.

Y así, alrededor del amor y de la poesía que son dos de  las cosas más bellas de esta vida, aprovecho para felicitaros el Año Nuevo con un abrazo enorme y lleno de cariño, y con el deseo de mi corazón de PAZ Y FELICIDAD para todos.

 

Ahí va mi relato:

 

COMPROBADOR DE POEMAS

 

Comprobador de veracidad de poemas de amor.

 Siga las instrucciones “a pie juntillas”

Consejo: confíe en mí.

 

Tómese la cuartilla en la que está escrito el poema, prendiendo con índice y pulgar de ambas manos las dos esquinas por su parte superior cuidando no quede debajo de los dedos ninguna letra.

 Seguidamente proceda  a sacudir enérgicamente la cuartilla, tal como se sacude un paño del polvo, hasta que caigan todas las letras, -mirando bien que  no quede ninguna, ni tampoco puntos, comas o acentos-, sobre un papel blanco  previamente  colocado  para tal  efecto.

Recoja, a continuación todas las letras en un montoncito cuidando no doblar ninguna y colóquelas  despacio en el cuenco de una mano.

Cierre  los ojos y, concentrado  en la acción, vaya  acercando la mano con las letras a su  pecho, a la altura del corazón y, al punto, notará,  con sorpresa,  que empiezan a latir dentro de  su  mano en pulsos más o menos fuertes y frecuentes.

Siga  concentrado  observando. Si,  de pronto  nota  un solo pulso, al unísono con el de su  corazón, ese será su  poema, el poema inequívoco de su  amor.

 Añadir que no valen las trampas como tampoco se permiten varios intentos.

Una vez comprobada la sincronía perfecta solo le  queda separar despacio  la mano de su  pecho y soplar sobre las letras con fuerza y decisión para comprobar al instante que cada una irá a ocupar su lugar en la cuartilla.

A partir de este momento, cada vez que usted las lea,  sentirá  que las letras acarician  sus ojos, y estas  se irán iluminando a su roce.

Cualquier otra persona que las lea sin más, comprobará que no tiene este privilegio, viendo solo las letras negras y quietas, sin corazón, dormidas, con su luz apagada y su vida escondida.

 

Ramón Fernández