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Artículos literarios y poesía


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TÚNEL

TÚNEL

 

 

Aplastado, caído contra el suelo

Preso en la soledad, me desespero

 

Con torpeza levanto la mirada

Buscando un clavo ardiendo, un asidero

 

En el rostro la angustia dibujada

Solo veo desierto y sequedad

 

Me refugio en un sueño de agonía

En un túnel de estelas irisadas

 

Con final de luz blanca y claridad

Mezcla de realidad y fantasía

 

R.F.

 


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ACEPTAR

ACEPTAR

Aceptar,
El tiempo,
Días, meses, años,
Tensa hasta tal punto
Las cuerdas del alma
Que, de vez en cuando,
La angustia me invade,
Hasta las entrañas.

Sale de la cueva,
Donde, siempre alerta,
Está agazapada,
Me zancadillea,
Cerca de su entrada;
Cuando caigo al suelo,
Con fuerzas mermadas
Pronto me rodea
Con sus telarañas.

Aturdido, inmóvil,
Soy presa ganada;
Listo su veneno
Me deja la mente
Como pipa vana.

Cual caña quebrada
A merced del viento
Me envuelve en sudario
De polvo y arena
Dejando enterrada
En la negra sombra
La luz de mi alma

R.F.

Quiero comunicaros que dejaré, con mucha pena, una temporada el blog, quizás hasta Navidad.

Gracias a todos  y un abrazo enorme

Ramón


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VIENDO EL FINAL

VIENDO EL FINAL

No lo puedo decir
Sólo lo siento
Ocupando mi cuerpo por completo
Sin fuerzas, casi inerte

Tampoco sé muy bien
En qué consiste
Esta borrosa desazón que tengo
Inconsciente temor a no sé qué,

¿Será acaso la muerte?

Difuso por mis órganos internos
Aprisiona mi estómago
Que se quiere salir por la garganta
Marca el compás de un corazón cansado
Que se nota a través de los barrotes
De la jaula ya ajada de mi pecho

Respiro con angustia el aire denso
Que se agita pesado como el plomo
Queriéndome aplastar
Este cuerpo sudoroso y maltrecho

Mis ojos entreabiertos
No buscan ni la luz ni los colores
Ni tampoco los ojos de otras caras

No miran, sólo flotan
Sin posar la mirada
Que se pierde hacia adentro
Buscando entre lo oscuro
Vestigios de esplendores
Olvidados de antiguos
Que humean apagados
Hollando oscuras luces
Donde hacer la parada
Hasta llegar al puerto

Por fin sosiego y calma
Muy poco duraderos
Al caer la cabeza sobre el pecho
Despierta en sobresalto cuerpo y alma
Que con ansiedad nueva
Debe afrontar últimos trechos

Brevísimo paréntesis de sueño
De vuelta a la vigilia
Otra vez a empezar
Con los ojos abiertos
Sin nada que mirar
¡Qué duro empeño!

No me agrada mi piel, húmeda y fría

Tantas veces me ha dado
Contactos delicados
Con hermosos vestidos
Suaves y perfumados
Caricias deseadas
De amores encendidos
¡Qué lejanos recuerdos!

Al tocarme la piel vieja y ajada

Quisiera ser ahora
Esterilla enrollada
Guardada en un armario
Tranquila y sosegada
Hasta que llegue el día
En que al son de trompetas
Vuelva a ser restaurada

Mi pensamiento bulle turbulento
A ratos zigzaguea entrecortado
Errabundo otras veces serpentea
Sin saber hacia dónde va avanzando

El fin se me presenta ineludible
Ya llego al laberinto sin señales
Sin puntos cardinales
Sólo un cielo monocromo y difuso
Y una pregunta por doquier escrita
En todos los idiomas
En llamativas letras gigantescas
Sólo visibles a los ojos cerrados
Amplificada en grandes altavoces
Con ruido sordo, mudo, atronador
Audible sólo por el corazón

¿Será mi cielo cierto?

O es el gran decorado
Que ilumina las sendas
De este gran laberinto

Nadie ha vuelto a contarnos
Si acertó en la respuesta
Pues nadie, que sepamos
De este gran laberinto
Ha venido de vuelta

R.F.

Este poema surgió de largas horas de hospitales, este otro mundo de la enfermedad y del declinar de las personas, que van sellando su ciclo de vida en medio de preguntas e incertidumbres, momento en que se deben agarrar fuertemente a su fe más profunda.